Conflicto en el hipermercado
Hola amigos,
Os escribo porque me pregunto un Porqué. ¿Porqué comprar en el carrefour me sube la tensión?
Os pongo en antecedentes. En el carrefour, donde hago la compra, las dependientas te atienden a toda ostia, te cobran y te dejan hundido en la miseria. El primer día que me pasó esto, yo alucinaba.
Llego a la caja y empiezo a poner la compra en la cinta transportadora y la dependiente que se convierte en octopussy empieza a despachar a la velocidad de la luz. Y yo la miro agobiadísimo porque claro ella lo pasa por el laser pero lo tira y pasa de ayudarme a meterlo en bolsas. Y a mi solo se me pasa por la cabeza: “¡¡¡Pero serás cabrona, si cortocircuito leía mas despacio que tu despachas!!!”
Total que la tía hace zas zas zas y me deja todos los paquetes en la bandeja de salida. Teclea, toda serena gira la cabeza como si fuera un ciborg, esboza una sonrisa y me dice: “Son 50 euros.”
Que inocente soy, yo pensé que en lo que tarda en cobrarme pagando con tarjeta quizás adelante trabajo y luego pues que ella me ayude. Normalmente la vida nos enseña que pagar con tarjeta implica que tardes 5 minutos. Pues aquí no, los pagos con tarjeta más efectivos del mundo por orden de efectividad son: La Nasa, El Pentagono, y el Carrefour de moratalaz. ¿30 segundos has tardado? ¡Serás puta! Si tardo yo mas en firmar que tu en pasarme el plasticucho asqueroso este (Tengo que hablar con Cajamadrid para que me pongan un retardo en la tarjeta).
Bueno no pasa nada, porque ahora firmo y que me ayude el soldado universal este que tienen por cajera. Firmo y la tía coge el prospecto con mi firma, se gira, y … ¡empieza a atender a la siguiente y a lanzarme sus artículos, que se mezclan con los míos! ¿Acaso los findes trabajas como maquina que lanza pelotas de tenis? ¿No ves q soy un tío con carrera lloriqueando y pataleando con todos los artículos míos esparciéndose por el suelo del Carrefour?
Pero claro, eso fue solo el primer día. Al segundo día fui allí después de ingresar en el cuerpo de operaciones especiales de Siberia, donde aprendí a beberme mi propio pis, y coserme las pestañas al hombro sin anestesia y sin llorar. Eso me hace capacitado para ir a comprar al Carrefour.
Llego a la caja, la miro, me mira y hay tensión (se ha dado cuenta q ya no soy el q era, que he recuperado la mirada del tigre) Allí se podía grabar los famosos westerns: “El choped tenía un precio”, “Por un puñado de torreznos”, etc. Ni la bola de paja que rueda por el oeste se atrevía a pasar por allí. Entonces mientras me mira respiro a fondo y zas zas zas zasz zas la coloco todos los articulos pero agobiándola pq están todos ocupando muy poco de base, pero un huevo en altura, para que se le desmorone y se le caiga todo sobre el láser, se líe y yo gane tiempo.
Objetivo conseguido. Ahora me siento todo un hombre. Eso sí, algunos días no se le cae nada, y pueden pasar varias cosas: Que me haya acordado de coger un articulo cuyas instrucciones están en pakistaní, por lo tanto, no está catalogado y tiene que llamar a la patinadora. O me llevo un soplete para fundir la zona del plástico donde viene el código de barras. O bien me dan unas ganas de meterle un manotazo al puesto de chicles de mierda q tienen al lado para ganar tiempo.
Ya sabéis si alguien quiere hacerse marine, que compre allí. “En el amor, en la guerra y en el Carrefour vale todo.”
